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viernes, 4 de mayo de 2012

Alguien me dijo una vez que los animales también lloran



    
Por Ada Nafria Prada.

Dirijo mis pasos tristes y mi mirada arrastrada por el suelo.

Me oprime algo en el pecho y se me empañan las gafas. Acabo de ver otro de esos horribles carteles que anuncian que de nuevo a Zamora llegan jaulas y látigos. Otra vez esa carpa odiosa llena de castigos que bailan al son de la música.

La primera vez que fui al circo salí con una sensación de asco y suciedad que tardé tiempo en quitar. Todo me pareció deprimente y feo. Sólo veía animales tristes haciendo equilibrio sobre lo que ahora representa todo su mundo: una pelota tan sucia y triste como ellos.

Con 22 años volví al circo, pero esta vez a trabajar. Tenía que elaborar un reportaje para la televisión local de la ciudad sobre la vida interna de un circo que había llegado a Soria. Y fui contenta. Al fin y al cabo era el circo. Hice mi trabajo con un material audiovisual que no podía ser más gris. Y de todas las imágenes que grabó mi compañero hay una que no se me irá nunca de la cabeza. Y es la que empaña mis gafas y me oprime el pecho cuando una carpa se instala cerca. Un hipopótamo enorme metido en una jaula de un tamaño exactamente igual que él; levantó muy despacio la cabeza y me miró como quien no mira ya nada, con indiferencia y con tristeza. Y lloraba con lágrimas secas sobre su cara agrietada.

Y ahora vuelve otra vez. Y para aumentar mi asco, mi indignación, mi impotencia, mi tristeza, el nuevo circo acampa en la plaza de toros, en la plaza de la sangre y las torturas, en la plaza medieval que ofrece al pueblo violento el sadismo que refrene su violencia innata.

Yo quiero un circo en Zamora. Yo quiero un payaso feliz con una nariz enorme que me quite las penas. Yo quiero un circo en Zamora con una romántica pareja de equilibristas que me mantenga en tensión y abra mi boca llena de admiración. Yo quiero un circo en Zamora para llevar a mi niño y mostrarle la magia de las personas buenas que un día decidieron dejar al hipopótamo en el río y al elefante en su paz. Yo quiero un circo en Zamora donde nadie llore.


Mentira
Despacio y profundo
respiras dormido el aire,
despacio.
Profundo.
Tu sueño es mentira,
tu vida sangra
la vida mía.
Despacio y lento.
El peso del sol me quema
la vida
que tú me niegas.
Pero no despiertes,
deja que tu sueño niegue
lo que yo no como,
lo que a mis hijos hiere.
Arena y sangre
mi camino.
Oro y petróleo
tu sueño. Mi muerte. Tu mentira.    

Desde Defensa Animal Zamora, te agradecemos estas letras y tu apoyo. 

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