TEAMING : : Unete a nosotr@s por 1 €uro al mes

Paypal


Colabora con DAZ / Haz tu donativo

viernes, 10 de abril de 2015

De ratones y hombres


Nos hicieron desear que Tom jamás fuese capaz de atrapar a Jerry porque nos enseñaron que no debemos abusar nunca del más pequeño ni permitir que lo haga el grande.

Mickey y Minnie nos decían hola desde el televisor, habitaban nuestros comics, dormíamos abrazados a sus cuerpos de peluche y hasta decoraban nuestros pijamas, estuches o diademas. Intentaban enseñarnos que coraje no está reñido con la ternura ni la astucia con la ingenuidad, tampoco en dos ratoncitos enamorados.

Con Speedy González y Silvestre nos pasó como con Tom y Jerry, pero aquí nos querían enseñar a sentirlo todavía más cercano y aquel roedor veloz y sagaz hablaba con nuestro lenguaje y tenía el acento del inolvidable Cantinflas.

En Ratatouille nos hicieron creerles capaces del amor y del humor y con Fievel saber que también ellos deseaban encontrar a su familia. Buscaron enseñarnos que hay necesidades, sentimientos y valores que están más allá de las dificultades y de las especies.

La Cenicienta rescató a Gus y nos sentimos reconfortados. Lo vistió con aquella ropita demasiado pequeña para él y Gus nos pareció todavía más entrañable. Una humana ejemplo de superación, bondad y generosidad nos enseñaba que el dolor ajeno no restaña la propia desgracia pero sí lo hace el aliviarlo, aunque sea el de un ratoncillo rechoncho.

Queríamos ser fuertes y valientes como Super Ratón, siempre venciendo al mal. Con cada superhéroe, y este lo era, nos enseñaron lo imprescindible de combatir la violencia y las injusticias. Sí, las injusticias, y lo inexcusable de defender al más vulnerable y débil.

Stuart Little fue adoptado por humanos y por humanos amado y protegido. Probablemente constituyó una de las mayores lecciones de antiespecismo para niños en una película protagonizada por mujeres y hombres reales de la que fuimos testigos.

Y al fin, cuando se nos caía un diente, nos acostumbraron a guardarlo bajo la almohada y lo hacíamos entre nerviosos y emocionados porque nos habían contado que aquella noche, un roedor llamado Pérez, se lo llevaría y en su lugar nos dejaría un regalo. Nos enseñaron a esperarle dormidos y a confiar en él, nos explicaron que un ratón se colaría bajo nuestra cabeza mientras soñábamos, que lo haría con un cuidado y cariño exquisitos, para no molestarnos, y así dibujar en nuestro despertar una inmensa sonrisa de boca desdentada

Eran ratones pero gracias a las enseñanzas de los adultos aprendimos a adorarlos, besarlos, esperarlos, protegerlos y admirarlos, a temblar con su miedo, a padecer con su sufrimiento y a disfrutar con su alegría. Y fuimos niños que amanecimos sintiendo en nuestras mejillas las cosquillas de sus bigotes, que alcanzamos el mediodía jugando con ellos, viviendo sus aventuras, imitando sus valores y desarrollando los nuestros.

Pero llegó la hora de comer y caminamos a la mesa con el dinero que Pérez nos había dejado metido en nuestro bolsillo, con las orejas de Mickey en las zapatillas y con Stuart Little en el corazón. Cuando nos sentamos llegó la última lección: nos enseñaron que la gastronomía es mucho más importante que la empatía. Que la ingenuidad se puede despellejar, la fragilidad hervir viva, asar la ternura, abrir en canal la compasión, eviscerar los sueños, trocear la inocencia y que las monedas que nos trajo un ratoncito por nuestro diente caído pueden servir para comprarlo, matarlo y masticarlo con el resto que nos quedan.

El cuy, un manjar gastronómico de moda en varios países latinoamericanos y en Norteamérica. Se sirve entero. Ya, alguno me dirá que no es exactamente un ratón y tiene razón, pero sí un primo muy cercano, son dos roedores que comparten muchas características. Además, ¿es que no da lo mismo que sea un ratón, un conejo, un cordero, un cerdo, un perro, un tiburón o un gorrión?

No hablo de morfología anatómica sino de morfología del deseo y del sufrimiento en su caso, hablo de morfología de la hipocresía, del egoísmo y de la crueldad en el nuestro.
 
FuenteJulio Ortega

No hay comentarios:

Publicar un comentario